
Ejercicio para imaginar los tejidos invisibles, uno.
En Microbiomas poéticos, Meta Gallery, Rio de Janeiro, 2026.
La obra es un tejido que los visitantes pueden tocar, compuesto por materiales vegetales, piedras y un sensor piezoeléctrico. El cuerpo principal del tejido está estructurado en hilos verticales de cáñamo crudo, tensados por dos tubos de cobre horizontales en los extremos superior e inferior. En medio de este cuerpo, hilos de algodón azul claro se entrelazan para formar una pequeña bolsa que contiene el sensor. Estos hilos azules continúan tejiéndose horizontalmente con dos piedras de cuarzo que, fijadas a la pared, permiten estirarlos. En esta tensión de hilos verticales y horizontales, el sensor puede percibir los toques de los visitantes sobre la superficie textil, generando datos que se envían al servidor de NANO.
“Desde mucho antes de la invasión, se extraía plata en Porco, una mina cercana a Potosí, y se fundía el mineral con la ingeniosa técnica de las wayras, hornos que usaban al viento como principal fuerza activadora. Pero los gobernantes Inkas habían decidido reservar a P'utuxsi de la extracción metalífera, para convertirla en santuario dedicado al culto al Sol, al Rayo y a la minería. Lo que estaba en juego era enorme. Esta montaña había sido un nudo clave en la reproducción y ampliación del Tawantinsuyu, pues de él dependía no sólo la fertilidad y la abundancia del vasto señorío de los Qaraqara-Charka y de los demás señoríos de Charkas, sino también las relaciones con la frontera crítica del Antisuyu.”
- Silvia Rivera Cusicanqui, Un mundo ch'ixi es posible, 2018.-


